Mientras millones de personas siguen cada partido del Mundial 2026, otra conversación avanza fuera de los estadios. Diversos futbolistas convocados por sus selecciones enfrentan procesos judiciales, denuncias o acusaciones relacionadas con violencia sexual y violencia de género.
La Copa Mundial de la FIFA suele presentarse como una celebración global del deporte. Sin embargo, la edición de 2026 también ha abierto un debate incómodo sobre los criterios que permiten a ciertos jugadores competir en el escenario más importante del futbol internacional mientras enfrentan investigaciones, cargos penales o procesos judiciales.
Durante las últimas semanas, medios internacionales han documentado casos que involucran a futbolistas de distintas selecciones nacionales. Aunque las situaciones legales son diferentes entre sí y no todas se encuentran en la misma etapa procesal, el tema ha generado cuestionamientos sobre la responsabilidad de federaciones, clubes y organismos deportivos.
Cuando el rendimiento deportivo convive con procesos judiciales
Uno de los casos con mayor repercusión es el de Thomas Partey, seleccionado de Ghana.
El futbolista enfrenta en Reino Unido siete cargos de violación y uno de agresión sexual relacionados con denuncias presentadas por varias mujeres por hechos presuntamente ocurridos entre 2020 y 2022. Partey ha negado las acusaciones y el proceso judicial continúa. A pesar de ello, forma parte de la convocatoria mundialista de Ghana.
La controversia incluso tuvo repercusiones migratorias. Autoridades canadienses le negaron la entrada al país para partidos disputados en territorio canadiense, aunque posteriormente pudo participar en encuentros celebrados en Estados Unidos.
Otro de los nombres que ha concentrado atención internacional es el de Achraf Hakimi, capitán de Marruecos y una de las figuras más reconocidas del torneo.
La justicia francesa determinó que el futbolista enfrente juicio por una denuncia de presunta violación presentada en 2023. Hakimi ha rechazado las acusaciones y sostiene su inocencia. Mientras el proceso continúa, el defensor sigue siendo una pieza central dentro de la selección marroquí.
Casos que vuelven a aparecer durante el torneo
La discusión también alcanzó a Facundo Medina, integrante de la selección argentina.
El defensor fue detenido en Francia en 2021 después de que una expareja lo denunciara por violencia de género. Distintos medios reportaron que posteriormente recuperó su libertad y que no existe una condena firme en su contra. Sin embargo, el caso volvió a ser objeto de atención pública tras su presencia en el Mundial.
Por otra parte, Kaishu Sano, seleccionado japonés, aparece en diversas publicaciones relacionadas con una investigación ocurrida en Japón durante 2024 por una presunta agresión sexual. Medios internacionales reportaron que el caso concluyó mediante un acuerdo extrajudicial, aunque su convocatoria también ha generado debate entre aficionados y organizaciones que siguen temas de violencia de género.
En redes sociales y algunos medios también circuló el nombre del guardameta nigeriano Maduka Okoye, a partir de acusaciones públicas realizadas por su expareja. No obstante, Nigeria no logró clasificar al Mundial 2026, por lo que el futbolista no forma parte de la competencia.
Más allá de la presunción de inocencia
La discusión no gira únicamente alrededor de la culpabilidad o inocencia de los jugadores involucrados.
Desde una perspectiva legal, toda persona tiene derecho a la presunción de inocencia hasta que exista una sentencia firme. Sin embargo, organizaciones dedicadas a los derechos de las mujeres han planteado una pregunta distinta: ¿qué responsabilidades tienen las instituciones deportivas cuando una figura pública enfrenta acusaciones graves relacionadas con violencia sexual o violencia de género?
El debate no es nuevo. Durante años, ligas, clubes y federaciones han enfrentado cuestionamientos similares en distintos países. Lo que cambia ahora es la escala del escenario.
El Mundial representa uno de los eventos deportivos con mayor visibilidad del planeta. Por ello, cada convocatoria, cada alineación y cada fotografía oficial también envían mensajes sobre qué conductas se consideran compatibles con la representación nacional.
Mientras la FIFA mantiene sus criterios de elegibilidad y los procesos judiciales siguen su curso en distintos países, la conversación continúa creciendo fuera de la cancha. Porque para muchas personas, el Mundial no sólo habla de goles, victorias o derrotas. También refleja los valores que el deporte decide visibilizar, cuestionar o dejar pasar.














