Aunque el trabajo infantil ha disminuido en varias regiones del mundo durante los últimos años, millones de menores continúan realizando actividades que ponen en riesgo su educación, su bienestar y sus derechos fundamentales.
Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una fecha impulsada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para visibilizar una problemática que sigue presente en prácticamente todos los continentes.
La edición de 2026 llega en un momento especialmente relevante. Además de coincidir con la Sexta Conferencia Mundial sobre la Eliminación del Trabajo Infantil, celebrada en Marrakech, Marruecos, también pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué millones de niñas y niños continúan trabajando a pesar de los compromisos internacionales para erradicar esta práctica?
Las cifras muestran que el desafío sigue siendo enorme.
De acuerdo con las estimaciones más recientes de la OIT y UNICEF, alrededor de 138 millones de niñas y niños realizan algún tipo de trabajo en el mundo. De ellos, cerca de 54 millones participan en actividades consideradas peligrosas para su salud, seguridad o desarrollo.
Cuando trabajar significa perder parte de la infancia
No todas las actividades realizadas por menores de edad son consideradas trabajo infantil.
Ayudar ocasionalmente en tareas domésticas o colaborar de manera limitada en un negocio familiar puede formar parte de procesos de aprendizaje y responsabilidad.
Sin embargo, la situación cambia cuando estas actividades afectan la educación, limitan el desarrollo físico o emocional de las infancias o las exponen a condiciones de riesgo.
Las formas más graves incluyen el trabajo forzoso, la trata de personas, la explotación sexual, el reclutamiento para conflictos armados y otras actividades ilícitas.
Por ello, organismos internacionales insisten en que el problema no debe analizarse únicamente desde una perspectiva económica. También se trata de una cuestión de derechos humanos.
La agricultura concentra la mayoría de los casos
Actualmente, la agricultura continúa siendo el sector donde se registra la mayor incidencia de trabajo infantil.
Según los datos de la OIT y UNICEF, el 61% de los casos ocurre en actividades agrícolas. Le siguen los servicios, con el 27%, y la industria, con el 13%.
Además, la distribución geográfica tampoco es uniforme.
África subsahariana concentra cerca de dos terceras partes de los casos registrados en el mundo, con aproximadamente 87 millones de niñas y niños afectados.
Por otro lado, Asia y el Pacífico han mostrado algunos de los avances más significativos durante los últimos años. América Latina y el Caribe también registraron una reducción, pasando de ocho a siete millones de menores en situación de trabajo infantil.
El reto que México todavía enfrenta
En México, el panorama también continúa siendo preocupante.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022, la más reciente disponible, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encontraban en situación de trabajo infantil. Esto representaba el 13.1% de la población dentro de ese grupo de edad.
Además, 2.1 millones realizaban ocupaciones no permitidas por la legislación mexicana debido a su edad o a las condiciones en las que desarrollaban esas actividades.
Al igual que ocurre a nivel global, el sector agropecuario concentra la mayor proporción de casos en el país.
Ante este panorama, la OIT y UNICEF han reiterado la necesidad de fortalecer la protección social para familias vulnerables, ampliar el acceso a educación de calidad y garantizar condiciones laborales dignas para las personas adultas.
Detrás de cada cifra existe una historia distinta. Sin embargo, todas comparten un mismo punto de partida: millones de niñas y niños que todavía ven interrumpida su infancia por responsabilidades que no deberían asumir.














