Escuchar problemas, contener equipos y acompañar a colaboradores en momentos de incertidumbre se ha convertido en una parte cada vez más importante del liderazgo. Sin embargo, un nuevo análisis advierte que esa carga emocional sigue recayendo principalmente en las mujeres.
Las transformaciones tecnológicas, la incertidumbre económica y los cambios constantes dentro de las organizaciones han modificado las expectativas sobre el liderazgo.
Hoy, además de cumplir objetivos y tomar decisiones, muchas personas que ocupan puestos directivos también deben ayudar a sus equipos a gestionar ansiedad, estrés y preocupación por el futuro laboral.
No obstante, diversas investigaciones sugieren que esta responsabilidad no se distribuye de manera equitativa.
Un análisis publicado por MIT Sloan Management Review identifica lo que denomina el «impuesto de la empatía», una carga emocional invisible que afecta especialmente a las mujeres líderes.
Cuando liderar también significa contener emocionalmente
La investigación señala que las mujeres suelen asumir tareas relacionadas con el bienestar emocional de sus equipos.
Entre ellas destacan escuchar preocupaciones personales, ofrecer apoyo durante procesos de cambio, acompañar conversaciones difíciles y detectar señales de agotamiento entre colaboradores.
Aunque estas acciones rara vez aparecen en las descripciones formales de puesto, cada vez son más importantes para el funcionamiento de las organizaciones.
De acuerdo con una encuesta aplicada a más de 350 mujeres con responsabilidades de liderazgo, el 81.6% afirmó dedicar al menos el 30% de su semana laboral a este tipo de actividades.
En términos prácticos, esto representa más de una jornada completa de trabajo dentro de una semana de cinco días.
Además, muchas de estas tareas ocurren fuera del horario laboral. Algunas líderes reportaron llamadas nocturnas, mensajes de madrugada y conversaciones de apoyo durante fines de semana.
El desgaste que pocas veces se reconoce
Los especialistas describen este fenómeno como una forma de trabajo emocional que suele pasar desapercibida.
A diferencia de otros indicadores de desempeño, la capacidad de tranquilizar a un equipo o acompañar a una persona en momentos difíciles rara vez aparece en reportes de productividad.
Con el paso del tiempo, esta acumulación de pequeñas intervenciones puede derivar en lo que los investigadores llaman «fatiga del cuidado». Es decir, un agotamiento provocado por absorber de manera constante el estrés, la frustración y la incertidumbre de otras personas.
Por ello, muchas mujeres terminan desempeñando una especie de segundo trabajo dentro de la organización. Deben cumplir sus objetivos formales mientras asumen funciones informales de acompañamiento emocional.
La empatía también genera valor
Lejos de cuestionar la importancia de la empatía, el estudio subraya que se trata de una habilidad esencial para el liderazgo contemporáneo.
Cuando las personas se sienten escuchadas y respaldadas, aumenta la confianza. Del mismo modo, suelen mejorar los niveles de compromiso, resiliencia y colaboración dentro de los equipos.
Además, en entornos marcados por la incertidumbre, la capacidad de generar estabilidad puede convertirse en una ventaja estratégica para las organizaciones.
El problema surge cuando esta responsabilidad recae de manera desproporcionada sobre un solo grupo.
Por esa razón, los especialistas sugieren que las empresas reconozcan explícitamente este trabajo emocional y lo integren en sus modelos de liderazgo y evaluación.
A medida que las organizaciones enfrentan nuevas transformaciones impulsadas por la inteligencia artificial, la automatización y los cambios económicos, la empatía continuará siendo una habilidad clave. Sin embargo, la conversación comienza a girar hacia otra pregunta: quién está asumiendo ese trabajo y cuál es el costo personal que implica hacerlo de manera permanente.
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