Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de West Virginia (WVU) y la Universidad de Maine encontró que las comunidades rurales con mayores niveles de emprendimiento femenino registran también un crecimiento más fuerte en el empleo asalariado. Es decir, cuando más mujeres crean y desarrollan negocios, los beneficios no se limitan a ellas: también se extienden a la economía local.
La investigación fue encabezada por Heather Stephens, junto con Xiaoyin Li y Jason S. Entsminger. Para llegar a sus conclusiones, analizaron información de 1,618 condados rurales de Estados Unidos entre 2011 y 2019.
Los resultados cuestionan la idea de que el emprendimiento femenino es únicamente una herramienta de desarrollo individual. Según los investigadores, las mujeres emprendedoras generan efectos positivos que alcanzan a otros negocios, fortalecen los mercados locales y contribuyen a la creación de empleo.
El cuidado infantil también es una política económica
Mientras que investigaciones previas habían asociado las guarderías principalmente con una mayor participación de las mujeres en empleos tradicionales, el equipo encontró un efecto diferente en las zonas rurales. Cuando las mujeres cuentan con servicios de cuidado accesibles y confiables, tienen más posibilidades de dedicar tiempo a iniciar y hacer crecer sus propios negocios.
Xiaoyin Li explicó que este fue uno de los resultados más sorprendentes del análisis, ya que muestra cómo las necesidades de las mujeres en comunidades rurales difieren de las de las zonas urbanas.
La investigación también identificó otros factores determinantes para el éxito de las emprendedoras rurales: acceso a instituciones financieras, oportunidades educativas, capacitación empresarial y redes de apoyo comunitario.
Una lección que trasciende a Estados Unidos
Aunque el estudio se desarrolló en Estados Unidos, sus conclusiones encuentran eco en muchas regiones de América Latina, donde millones de mujeres sostienen pequeños negocios en comunidades rurales y enfrentan desafíos similares relacionados con financiamiento, conectividad, cuidados y acceso a capacitación.
Los investigadores sostienen que las comunidades que buscan fortalecer su resiliencia económica deberían adoptar una visión más amplia del desarrollo empresarial. En lugar de concentrarse únicamente en incentivos económicos, recomiendan construir ecosistemas que integren educación, financiamiento, redes de colaboración y servicios de cuidado.
Para Heather Stephens, comprender las decisiones laborales y empresariales de las mujeres rurales resulta especialmente importante porque históricamente han recibido menos atención en la investigación económica.
Durante décadas, muchos estudios sobre emprendimiento se concentraron en hombres o en poblaciones urbanas, dejando fuera una parte significativa de la realidad económica de las comunidades rurales.
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