Todos hemos pasado por alguna comida o un postre que disfrutamos, pero que poco después nos llega la sensación de culpa y sentimos que “hay que compensarlo”. Alimentar esta idea ha resultado en que el ejercicio deje de ser algo que hacemos porque nos gusta movernos, para convertirse en una especie de penitencia: mañana habrá que correr más o pasar una hora extra en el gimnasio.
Sin embargo, el movimiento merece una historia completamente distinta. ¿Qué pasa cuando dejamos de hacer ejercicio para castigarnos y comenzamos a hacerlo porque queremos sentirnos bien? La diferencia parece pequeña, pero puede transformar por completo nuestra relación con nuestro cuerpo, el ejercicio y la comida. En lugar de utilizar el ejercicio para “pagar” por lo que comimos, podemos entenderlo como una de las maneras que tenemos de cuidar algo que nos acompaña todos los días: nuestro cuerpo.
Para Mónica Reyes Fuchs, ese cambio de perspectiva también tiene que ver con disfrutar lo que el movimiento aporta a la vida cotidiana. “Con la práctica aprendí que no se trata de verlo como una obligación no negociable ni de perseguir constantemente una determinada apariencia, sino de reconocer esa sensación positiva que aparece después de moverse”. Los resultados están ahí: tener más energía, dormir mejor, despejar la cabeza o simplemente sentir que el cuerpo es más hábil.
No tenemos que “ganarnos” el derecho a movernos
Mónica Reyes Fuchs ha observado que la cultura de las dietas ha hecho que sea bastante fácil asociar el ejercicio con la culpa. Comimos demasiado, así que tenemos que entrenar. No seguimos la dieta, entonces toca compensar. Sin embargo, más allá de algo que acompañe a la dieta, el ejercicio debe de estar dirigido a cuidar nuestra salud.
La Organización Mundial de la Salud plantea el ejercicio desde la perspectiva de seguir un estilo de vida que favorece la salud física y emocional. Para los adultos, la OMS recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
Mónica Reyes Fuchs, ex Secretaria de Turismo de Morelos, comenta que los beneficios son mucho mayores de lo que se puede ver frente al espejo. “Se trata de cuidarnos para poder enfrentar la vida, enfermedades y, luego, la vejez” comenta.
El bienestar es una razón suficiente
La Asociación Norteamericana del Corazón señala que la actividad física regular puede mejorar la calidad del sueño, reducir el estrés y contribuir a una mejor salud mental, además de sus conocidos beneficios cardiovasculares. Por su parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) destacan que incluso una sola sesión de actividad física de moderada a vigorosa intensidad puede producir beneficios inmediatos, entre ellos mejorar la calidad del sueño y reducir sentimientos de ansiedad.
Mónica Reyes Fuchs comenta que en lugar de decirnos a nosotros mismos: “¿cuánto ejercicio necesito hacer para compensar lo que comí?”, podemos cambiarlo a: “¿qué tipo de movimiento me haría sentir bien hoy?”. Y así, hacer toda la diferencia.
Y quizá ahí comienza una relación más saludable con el ejercicio. Una en la que el cuerpo no es un proyecto que tenemos que corregir constantemente, sino un lugar que habitamos y que merece nuestra atención.
Mónica Reyes Fuchs ha encontrado en el movimiento una forma de sumar bienestar a su vida cotidiana, y esa experiencia permite mirar el ejercicio desde un ángulo menos rígido: no como una deuda que tenemos que pagar después de comer, sino como un pequeño recordatorio de que también nosotros somos importantes.
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