El futuro de la conservación puede comenzar con una libreta, una caminata y una comunidad organizada. En La Ribera, Baja California Sur, mujeres mexicanas combinan conocimiento local e investigación para proteger los esteros El Surgidero y La Boca.
La colectiva Mujeres de Acción y Resiliencia, conocida como MAR, impulsa educación ambiental, monitoreos y participación ciudadana. Su trabajo busca generar información útil sobre estos ecosistemas costeros y fortalecer la capacidad de la población para defenderlos frente a distintas presiones.
La ciencia comunitaria convierte observaciones en evidencia
Los monitoreos permiten registrar aves, vegetación, agua y cambios visibles en el paisaje. Cuando la comunidad participa de manera constante, los datos pueden revelar tendencias y respaldar decisiones de conservación. Además, el proceso acerca el conocimiento científico a quienes viven junto al ecosistema.
Este modelo también reconoce que las habitantes poseen experiencia acumulada sobre temporadas, especies y transformaciones del territorio. La tecnología puede ampliar ese conocimiento mediante aplicaciones de registro, fotografías georreferenciadas, sensores accesibles y bases de datos compartidas con especialistas.
Mira también: 5-ALA conecta la fotosíntesis con mejores frutas
Mujeres que diseñan el futuro de sus esteros
La iniciativa fortalece el liderazgo femenino y crea vínculos entre familias, estudiantes, especialistas y organizaciones. Asimismo, las actividades educativas ayudan a que niñas y niños comprendan por qué un estero sano protege biodiversidad, identidad comunitaria y oportunidades económicas relacionadas con la naturaleza.
La ciencia comunitaria no sustituye los estudios profesionales ni las obligaciones de las autoridades. Sin embargo, puede detectar cambios tempranos, mantener observaciones continuas y llevar evidencia local a las conversaciones sobre turismo, desarrollo urbano y protección ambiental.
Investigaciones difundidas en 2026 identificaron a El Surgidero y La Boca como oasis costeros todavía ausentes del catálogo estatal correspondiente. Los registros documentaron al menos 74 ejemplares de mascarita peninsular y 14 especies bajo alguna categoría de protección, datos que refuerzan la necesidad de conservar ambos espacios.














