Las oportunidades de miles de adolescentes siguen condicionadas por desigualdades que una prohibición legal no consigue resolver por sí sola. En México, las uniones tempranas afectan con mayor intensidad a niñas y adolescentes indígenas, con consecuencias relacionadas con educación, autonomía y maternidad.
Los microdatos del Censo 2020 analizados por CEPAL y CELADE indican que 3.4 por ciento de las mexicanas de 12 a 17 años estaba en una unión. El matrimonio formal resulta mucho menos frecuente dentro de este grupo.
Uniones tempranas reflejan fuertes desigualdades
El análisis señala que 19 por ciento de las adolescentes indígenas había estado casada o unida antes de cumplir 18 años. Entre adolescentes afrodescendientes, la proporción registrada fue 4.3 por ciento.
Además, el territorio marca diferencias importantes. Nayarit presenta algunos de los niveles más elevados entre población indígena. Sonora, Chihuahua, Chiapas, Tabasco, Guerrero y Michoacán también muestran focos relevantes.
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Educación y autonomía enfrentan mayores barreras
La continuidad escolar muestra una de las brechas más claras. Solamente 23 por ciento de las adolescentes alguna vez unidas asistía a la escuela. Entre sus pares solteras, la proporción alcanzaba 90 por ciento.
Asimismo, 61 por ciento de las adolescentes alguna vez unidas no estudiaba ni tenía trabajo remunerado. La cifra descendía a 7 por ciento entre quienes permanecían solteras.
México prohíbe el matrimonio infantil sin excepciones. Sin embargo, las uniones informales mantienen un desafío que requiere políticas de educación, protección social y acceso efectivo a servicios; Más de la mitad de las adolescentes unidas ya eran madres antes de cumplir 18 años. El dato evidencia cómo maternidad, cuidados y abandono escolar pueden reforzar las desigualdades que limitan su autonomía.














