“Yo soy más que una mujer, soy una travesti”, Mikaelah Drullard

“Yo soy más que una mujer, soy una travesti”, Mikaelah Drullard
“Yo soy más que una mujer, soy una travesti”, Mikaelah Drullard

Mikaelah Drullard Márquez es una travesti, afrodescendiente, dominicana y migrante en México. Forma parte de la colectiva AFROntera Cimarrona y del proyecto de-formativo DécimaOla. Además, es creadora del Podcast antirracista Café Marika y Pájaro Negro.

Drullard hace un llamado contundente a abandonar el feminismo blanKKKo y sus narrativas aparentemente anticoloniales, incluyentes y anirracistas.

“No solamente hay que destruir el machismo y el patriarcado colonial, sino también la feminidad blanca impuesta como único horizonte de expectativa y de liberación para “todas” las mujeres del mundo. Hay que destruir su feminismo blanco victimista, que instrumentaliza la categoría mujer para justificar las violencias discursivas que ejercen sobre otras subjetividades no plenamente humanas, que son insuficientemente mujeres y hombres…”, puntualiza Drullard en su texto Manifiesto 3.0: contra el feminismo blanKKKo. Sobre la insuficiencia del sujeto prieto-trans y negro, cuestionando los límites éticos de los activismos en el paradigma del capitalpublicado en Volcánicas.

¿Quién es Mikaelah Drullard Márquez?

“Es un nombre muy significativo para mí porque es un nombre que yo misma me puse. Vivimos en un mundo en el que las personas son nombradas a partir de un sistema racializado sexo-género en el cual se nos prescribe y se nos dice qué tenemos que ser. Cuando a una le ponen un nombre también le están poniendo muchos atributos en el cuerpo. Llamarse de cierta manera en un mundo donde la feminidad y la masculinidad están construidas con ciertos parámetros ahí hay una carga completamente heterosexual, binaria, muy limitada. Yo me puse Mikaelah como una forma de transmutar, transgredir, transformar, transitar, deslocalizarme de las coordenadas sexuales y genéricas que me pusieron cuando yo nací. Este nombre yo lo saqué de una telenovela brasileña que se llama ‘Xica da Silva’, donde había una señora blanca que se llamaba así, y también porque hay una santa católica que se llama Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Yo me pongo Mikaelah como un acto de robo del nombre de la ama y escribo el nombre mal. Me considero una travesti caribeña. Yo nací en el laboratorio colonial en un barrio llamado Sabana Perdida en las colinas de Santo Domingo, República Dominicana. Soy negra y caribeña que vive en México hace 10 años».

¿Por qué México?

“Yo siempre he dicho que soy una clase de exiliada sexual. Tenía 19-20 años cuando me fui de República Dominicana. Es un país profundamente conservador y eso no quiere decir que México no lo sea. México es un país muy transfóbico. Recordemos que aquí se asesinan a las mujeres trans, hay muchísimos crímenes de odio. Tampoco quiero poner a México como ejemplo de nada. Pero en un momento de mi vida me sentí muy encerrada en República Dominicana. No había explorado mi sexualidad. Sabía qué me gustaba pero no me atrevía. Por mucho tiempo formé parte de grupos y sectas cristianas, evangélicas, pentecostales, católicas donde lo primero que escuchas cuando te levantas en la mañana es ‘Arrepiéntete, el Diablo te va a llevar. Cristo viene pronto’.

Imagínate tener una sexualidad desbordada. Yo siempre fui muy marica. A mí la pluma se me notaba a leguas. Entonces yo me encerré muchísimo en la lectura y en los estudios. Estaba esperando la más mínima oportunidad para fugarme de ahí. Me gustaría regresar. No a vivir, pero para encontrarme con este territorio desde esta mirada, con este cuerpo, desde la experiencia que tengo ahorita. Aquí, en territorio mexicano nace Mikaelah. Yo tenía demasiada pluma. La heterosexualidad me quedaba chica. Yo siempre me sentí muy insuficiente frente a otros hombres gays”.

Mikaelah es antihumana, no-humana

“El humanismo es blanco. Una de las formas más tenaces, estratégicas y funcionales de la colonización ha sido la colonización de las epistemes, de los conocimientos y de la capacidad de nombrarnos. Yo creo que ser humana es una captura. Eres humana cuando tu cuerpo es funcional en el capital, eres un cuerpo exitoso, con una carrera universitaria. Eres un cuerpo que trabaja todos los días. Eres un cuerpo cisheterosexual. Eres un cuerpo que quiere una familia, que quiera una casa. Es el éxito. Los sujetos que son importantes en este mundo son sujetos que son humanos. Incluso en ese paradigma de los derechos humanos está incrustada la lógica de la propiedad. Dicen tú tienes derecho a un techo, a un abrigo, a una educación, pero si eso fuera real no habría personas en situación de calle, racializadas, empobrecidas, prietas. Las travestis y las trabajadoras sexuales no serían perseguidas y criminalizadas. En realidad ese paradigma es una gran falacia. Lo que están diciendo es que si tú eres un cuerpo humano en el capital, en la colonialidad, en la blanquitud, en la heterosexualidad vas a tener esos derechos. Esos derechos humanos han sido un gran engaño de occidente. Antes de 1492, aquí no existía la categoría humano. Éramos otras cosas. Yo no soy humana porque soy una travesti, soy caribeña, soy negra. Porque estoy haciendo algo que es ilegal. Es ilegal en términos de que ese sistema cisheteropatriarcal no le gusta la gente travesti. Nos consideran unas degeneradas. Que destruimos la familia, que rompemos todos los valores de la blanquitud. Yo no soy humana. Me agrada mucho habitar esa categoría de la no-humanidad. Yo creo que hay que fugarnos de las nomenclaturas de la blanquitud. Hay que hacer fisuras dentro de esas categorías que están muy normalizadas dentro de la blanquitud. Hay que generar otras formas de nombramiento que sean más incómodas”.

Hay que abandonar esa lógica donde todas tenemos que caber

“La inclusión es neoliberal. Yo no quiero caber con todas. Yo no quiero estar con las terfas, ni con las racistas, ni con Samuel García, ni con panistas ni morenistas. Yo quiero estar con las travestis, con las putas, con las negras. Yo no quiero que me incluyan. Yo quiero estar con gente y que podamos crear proyectos políticos, ser anticarcelarias, antipunitivas, antiracistas, anticapitalistas. Hay que renegar de la humanidad, de lo blanco. Yo abrazo esta forma otra de existir. No es inferior a lo humano. Es una forma otra y existe como una forma de disputa frente a los imaginarios de humanidad y de blanquitud».

Las feministas blanKKKas se convirtieron en lo que juraron destruir

«Dijeron que iban a luchar en contra del patriarcado porque nos oprime. Las feministas blanKKKas colocan a las mujeres en una clave muy universalizada donde supuestamente todas las mujeres viven la situación de «la condición de la mujer». ¿De cuál mujer estás hablando? No sé si es una mujer haitiana expulsada de una maternidad en República Dominicana por el gobierno de Luis Abinader. Esa no es la misma condición o situación que la tuya, feminista alemana académica que está escribiendo un paper sobre las mujeres del tercermundo. Por ejemplo, caminar por esta ciudad es brutal. Hay mujeres que están en condición de violencia y de precaridad muy impresionantes. ¡Cuál condición de la mujer! Partamos del hecho de que yo renuncié al feminismo blanco porque es inminentemente escencialista. Es incapaz de ver otras lógicas de dominación. Y cuando se nombra interseccional lo hace desde una perspectiva neoliberal de la diversidad. Hay que reconocer las diferencias que generan violencias. Hay que reconocer el proceso de abandonar esos privilegios y construir otros horizontes políticos no escencialistas ni centrados en la mujer cis de una condición femenina universal. Esto implica un proceso violento porque es un proceso descolonizador. Hay que reconocer el lugar que hemos tenido. Seamos sinceras. Hay mujeres blancas que reproducen relaciones de poder y de desigualdad por su condición de blanquitud y de clase. Por más mujeres que sean, lo hacen. Ese feminismo ha querido, históricamente, invisibilizar eso. Asumir que todas somos iguales. Y eso es violento porque hay una intención de ocultamiento. Además, este feminismo tiene una connotación muy cristianocéntrica, muy de la culpa, de lo punitivo, muy de los 10 mandamientos feministas. Muy de la buena víctima. Se supone que “todas las mujeres viven la misma condición y todas son iguales”, entonces todas las mujeres tendrían que cumplir este manual feminista que es básico para tu liberación. Eso es violento. Bajo estas condiciones una se encuentra insuficiente en esos espacios. Una se vuelve una mala feminista. Hay que abandonar el feminismo. Este feminismo hegémonico ha sido incapaz de analizarse por eso me parece necesario, urgente matar al feminismo blanco”.

¿Cuál es el costo de estar en constante resistencia y lucha?

 «Te van a cancelar. Vas a tener menos amigas. Te van a decir que eres la mala. La radical, la mala onda. La violenta. Te vas a dar cuenta que tus amigas son poquitas. El costo es no entrar en las lógicas de asimilación y captura. Por ejemplo, ¿qué significa no ser feminista blanca? Cuando una feminista blanca viene y me invita a su conversatorio y yo sé que son punitivas y que son feministas blancas, feministas institucionales de ONG, no yo no quiero estar ahí. ¿Para qué? Yo voy con las que están haciendo espacios autogestivos, que están haciendo conservatorios, que se están autopublicando. No estamos en Netflix, no estamos en la televisión. Esa es la apuesta. Como no eres humana, tu cuerpo es una clase de veneno en el estómago de la ama y el amo. Es indigerible. No te quieren ahí. No es suficiente ser feminista interseccional porque según ellas son buena onda y no discriminan, pero tampoco ponen en jaque las lógicas del funcionamiento del poder ni tampoco evidencian las lógicas de reproducción del poder en esos espacios. Pero es muy bonito. Hay una liberación y es muy potente. Es muy cansado estar quedando bien con todo mundo. Yo ya estoy con el cuchillo desenvainado, con la lengua afilada y el veneno en la bolsa. Estoy lista y somos varias que estamos haciendo esa batalla. Yo creo que cuando no somos capaces de mandar a la mierda ciertas cosas y decir no más lo que hacemos es entrar en el juego de la gestión y de la administración de la violencia. De esa violencia que es colonial, blanca, epistémica. No estamos haciendo un proceso descolonizador de construir otros mundos».

¿Es necesario dejar de pensar en términos de género?

 «Yo creo que pensar el mundo en clave de género nada más es una trampa, porque es pensar el mundo en la clave de la blanquitud. Pensar solamente en género es pensar que blancos, negros, indios y no-humanos es pensar en “todas” porque todas estamos generizadas y sexuadas por la clínica. No funciona así. Si tú me vas a hablar de género me tienes que hablar de racismo porque mi sexuación, mis expresiones sexuales y de género, mis prácticas sexuales no suceden en el aire. Suceden en la carne; en un cuerpo y en una experiencia. Eso me pasa a mí y a muchas. Entonces cuando tú vas a un espacio y sólo se quiere hablar de género y ponen a una trans blanca alemana de Berlín racista con las caribeñas a hablar juntas porque todas somos queer eso es una violencia. Se llama racismo. Yo no estoy diciendo no hablemos de género porque el género es una categoría construida que nos marca y nos atraviesa y algunas la rehabitamos de manera distinta para ser transgresoras del sistema sexo-género. El género sí ha sido puesto como una violencia en el cuerpo, entonces sí hay que hablar de él pero el gran problema es pensar que solamente podemos hablar de eso cuando así no funciona».

(FOTO DE MIKAELAH)

«Yo no quiero caber con todas. Hay que destruir espacios que han sido creados para asimilar y cooptar. Yo no estoy diciendo que apostemos a la exclusión, simplemente yo no quiero ser incluida en la blanquitud ni en el feminismo blanco», finaliza Mikaelah Drullard.

 

Sigue leyendo: No-es-mujer-lleva-dias-siendo-tendencia-en-X-mostrando-la-transfobia-de-muchos

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