La falta de empleo y educación afecta más a las mujeres

Mujer joven realizando tareas de cuidado mientras intenta continuar sus estudios
La falta de empleo y educación afecta más a las mujeres

En México disminuyó la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan, pero las mujeres continúan siendo mayoría dentro de esta población. La diferencia muestra que el acceso a la educación y al empleo todavía está marcado por importantes desigualdades de género.

El informe Panorama de la Educación 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señala que el 19 por ciento de las personas mexicanas de entre 18 y 24 años se encuentra fuera de las aulas y del mercado laboral.

Aunque el porcentaje nacional bajó desde el 23 por ciento registrado en 2015, permanece por encima del promedio de los países de la OCDE. Además, la mejora no ha eliminado la amplia diferencia existente entre hombres y mujeres.

La brecha de género sigue siendo considerable

Cerca del 29 por ciento de las mujeres jóvenes mexicanas no estudia ni cuenta con un empleo, mientras que entre los hombres la proporción es de aproximadamente 10 por ciento. Esto significa que la situación afecta casi tres veces más a la población femenina.

Durante la última década se registró un avance importante para las mujeres, pues el indicador bajó desde el 37 por ciento observado en 2015. En el caso de los hombres, por el contrario, aumentó ligeramente desde el 9 por ciento.

Estas cifras no deben interpretarse como falta de interés o voluntad. Muchas jóvenes realizan trabajos domésticos y labores de cuidado sin recibir un salario, mientras otras enfrentan dificultades económicas, falta de servicios de cuidado, abandono escolar o pocas oportunidades laborales.

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Los cuidados también son trabajo

Utilizar etiquetas negativas para describir a quienes no estudian ni tienen un empleo puede ocultar las causas estructurales del problema. En numerosos hogares, las mujeres cuidan a niñas, niños, personas mayores o familiares enfermos, una responsabilidad que limita su tiempo y autonomía económica.

Ampliar los servicios públicos de cuidado, facilitar el regreso a la escuela y ofrecer empleos con horarios compatibles podría ayudar a cerrar esta brecha. También resulta necesario reconocer el valor económico y social del trabajo doméstico no remunerado.

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