Cuando Tilla Theus terminó sus estudios de arquitectura en 1969, el panorama profesional estaba lejos de ser igualitario. Las mujeres eran una minoría en las aulas, los espacios universitarios ni siquiera estaban pensados para ellas y abrir un despacho propio parecía una apuesta poco común. Sin embargo, la arquitecta suiza decidió construir su propio camino desde el primer día.
Más de cinco décadas después, su trayectoria acaba de ser reconocida con el Prix Meret Oppenheim, uno de los premios más importantes de Suiza para artistas, arquitectos y promotores culturales, consolidando una carrera que ha demostrado que innovar también implica cuestionar las formas tradicionales de ejercer una profesión.
Emprender cuando casi nadie lo hacía
Un día después de graduarse en la ETH de Zúrich, Tilla Theus cambió el letrero de la puerta de su oficina y abrió su propio despacho.
Su decisión nació del deseo de desarrollar una visión propia. Desde niña diseñaba ropa, joyería y distintos objetos, aunque su familia esperaba que eligiera un camino completamente diferente.
Mientras colaboraba con otros arquitectos, comenzó a participar en concursos públicos. Poco tiempo después obtuvo su primer gran proyecto con apenas 28 años, un momento que recuerda también por la sorpresa que generó entre colegas acostumbrados a ver únicamente hombres en ese tipo de reconocimientos.
Diseñar sin borrar la historia
A lo largo de su carrera, Theus desarrolló una filosofía que combina innovación con respeto por el patrimonio arquitectónico.
Uno de sus proyectos más representativos fue la transformación del Widder Hotel, en Zúrich, un conjunto de ocho casas medievales convertidas en un hotel contemporáneo sin perder su identidad histórica.
Para ella, cada edificio posee una historia que merece comprenderse antes de intervenirla. En lugar de demoler o reproducir estilos del pasado, apuesta por reinterpretarlos para responder a las necesidades actuales.
La creatividad también resuelve problemas
Más que buscar elementos decorativos, la arquitecta considera que el diseño surge de las necesidades estructurales.
Uno de los episodios más curiosos de su carrera ocurrió durante la construcción del Widder Hotel, cuando una pieza de concreto presentaba imperfecciones imposibles de corregir con los métodos habituales. La solución apareció mientras acudía a una cita con su dentista, quien terminó colaborando en la obra con herramientas diseñadas originalmente para tratamientos odontológicos.
La anécdota resume una de las ideas centrales de su trabajo: la creatividad muchas veces consiste en encontrar respuestas inesperadas a problemas complejos.
Arquitectura pensada para las personas
Para Tilla Theus, la arquitectura nunca ha sido un ejercicio de protagonismo personal.
Su objetivo consiste en crear espacios donde quienes viven, trabajan o simplemente transitan puedan sentirse cómodos. Esa visión también la lleva a cuestionar una industria que, en su opinión, privilegia cada vez más la reducción de costos sobre la calidad de los espacios.
También defiende que los edificios sean capaces de adaptarse con el paso del tiempo. Viviendas, hospitales, oficinas y hoteles deberían responder no solo a las necesidades actuales, sino también a las transformaciones que vivirán las próximas generaciones.
Abrir puertas para otras mujeres
Cuando inició su carrera, las estudiantes de arquitectura enfrentaban situaciones que hoy parecen impensables. Incluso los edificios universitarios carecían de sanitarios para mujeres cerca de las aulas.
Lejos de asumir esas limitaciones como algo permanente, Theus y otras estudiantes decidieron resolver algunos obstáculos por iniciativa propia. Para ella, no se trató de un acto de rebeldía, sino de hacer lo necesario para ocupar un espacio que también les pertenecía.














