Paris Hilton compareció ante el Congreso de Estados Unidos para presentar la Ley Defiance, una iniciativa que busca penalizar la creación y difusión de pornografía deepfake sin consentimiento. Su testimonio convirtió el debate tecnológico en una discusión de derechos humanos y violencia digital.
Durante su exposición, Hilton recordó que a los 19 años un video íntimo suyo fue difundido sin autorización. “No fue un escándalo. Fue abuso”, afirmó. Hoy, advirtió, esa práctica se amplificó con la inteligencia artificial, impactando de forma desproporcionada a mujeres y niñas.
Qué es la pornografía deepfake y por qué es violencia
La pornografía deepfake es contenido sexual falso creado con IA que utiliza el rostro o el cuerpo de una persona sin su consentimiento. Aunque las imágenes no sean reales, el daño sí lo es: afecta la reputación, la salud emocional y la seguridad de las víctimas.
Las cifras dimensionan el problema. Entre 2022 y 2023, este tipo de videos creció un 464% a nivel global. Además, el 98% del material es sexual y el 99% de las personas afectadas son mujeres, lo que evidencia un patrón de violencia de género digital.
Qué propone la Ley Defiance
La iniciativa presentada por Hilton tipifica estos contenidos como delito federal, habilita acciones civiles para que las víctimas puedan demandar y establece responsabilidades para las plataformas que no retiren el material tras una notificación. El mensaje es claro: la neutralidad tecnológica no puede justificar el daño.
Para activistas y especialistas, el proyecto sienta un precedente al trasladar el foco del “uso indebido” a la protección efectiva de las personas, obligando a empresas y autoridades a responder con rapidez.
Un vacío legal que persiste en otros países
Mientras en Estados Unidos el debate avanza, en Argentina aún no existe una ley específica que penalice la pornografía deepfake sexual sin consentimiento. El contraste subraya la urgencia de marcos legales actualizados frente a tecnologías que evolucionan más rápido que las normas.
La intervención de Paris Hilton vuelve a una idea central: nombrar el abuso es el primer paso para frenarlo. Y en la era de la IA, poner límites también es innovar.
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