En los últimos días, un trend se apoderó de Instagram: comparaciones entre cómo se veía la vida (y la red) en 2016 y cómo se ve en 2026. Fotos granuladas, filtros saturados, selfies sin tanta pose, captions largos y emojis sin ironía. El resultado es casi inmediato: nostalgia. Pero no es solo por la estética.
Este tipo de contenido no nos remite únicamente a una app distinta, sino a una etapa emocional colectiva. Un momento donde las redes sociales todavía parecían un espacio más íntimo, menos vigilado y menos atravesado por la lógica del rendimiento.
No extrañamos Instagram, extrañamos cómo nos sentíamos
Aunque el trend habla de años y formatos, en realidad habla de emociones. En 2016, muchas personas usaban Instagram sin pensar en métricas, algoritmos o marca personal. Publicar no era sinónimo de estrategia, sino de registro espontáneo de la vida.
Lo que hoy se siente como nostalgia tiene que ver con una menor presión por gustar, producir o monetizar. No extrañamos solo los filtros: extrañamos no tener que explicarlo todo, no vivir comparándonos constantemente ni sentir que cada publicación debía “servir para algo”.
La nostalgia como refugio en tiempos de incertidumbre
Psicólogos y especialistas en cultura digital coinciden en que la nostalgia aparece con más fuerza en contextos de crisis e incertidumbre. Frente a un presente marcado por ansiedad climática, precariedad laboral y cansancio digital, mirar al pasado se convierte en una forma de autoconsuelo colectivo.
Este trend funciona como un pequeño refugio emocional: recordar cuando la vida parecía más simple, aunque sepamos que no lo era tanto. La memoria selecciona, suaviza y nos devuelve una versión del pasado que se siente más habitable.
Un duelo silencioso por lo que ya no vuelve
El fenómeno 2016–2026 también revela algo incómodo: estamos haciendo duelo por una era de internet que ya no existe. Una red menos corporativa, menos violenta, menos atravesada por discursos de odio y sobreexposición.
Compartir estos videos no es solo una moda. Es una forma de decir: “esto nos pasó”, “aquí estuvimos”, “así éramos antes de que todo se volviera tan pesado”. Y quizá, también, una manera de preguntarnos qué tipo de espacios digitales queremos construir ahora.
También te puede interesar: Sobre la pérdida de atención colectiva














