Los nómadas digitales dividen postura de la población en CDMX

Nómadas digitales

En una zona de moda de Ciudad de México, en un parque rodeado de cafeterías y restaurantes veganos, se encuentra una figura vestida de blanco con las manos en oración como una estatuilla católica: la llamada santa patrona contra la gentrificación.

Sandra Valenzuela, una activista mexicana, creó la estatua para unir a los vecinos contra lo que ella considera una amenaza creciente para su comunidad y otras en la capital mexicana.

Una ola de visitantes internacionales, predominantemente de Estados Unidos, llegó a los cafés, parques y hospedajes de Airbnb de la urbe mientras trabajan sin las ataduras de los viajes diarios a la oficina por la pandemia de Covid-19.

¿Los nómadas digitales ayudan o perjudican?

En esta jungla de asfalto caótica, sobrepoblada y de inmensos contrastes, miles de nómadas digitales foráneos han encontrado su particular oasis en Roma y Condesa, dos barrios bohemios, céntricos y seguros, desde los que pueden trabajar a distancia ahorrándose los elevados costes de vida de sus países de origen.

La estadounidense Becca Sherman pasó una temporada teletrabajando desde Ciudad de México y compartió su experiencia en redes sociales; nunca sospechó el revuelo que iba a generar la publicación.

Una fotografía de un patio iluminado y lleno de plantas, acompañada del mensaje “Hazte un favor y trabaja a distancia en la Ciudad de México: es realmente mágico”.

Miles de usuarios indignados acusaron a los extranjeros, como Sherman, de haber acelerado el proceso de gentrificación de algunas colonias, como se conoce popularmente a los barrios, abriendo un debate muy vivo en la capital: su llegada, ¿beneficia o perjudica a la comunidad en la que se asientan?

“Los gringos con laptops no son el problema”

La romantización de una ciudad tan desigual como lo es la capital mexicana en la que la gentrificación evidenció la necesidad de políticas públicas que garanticen el derecho a la vivienda digna viralizaron su tuit, generaron comentarios de enojo y abrieron el debate: ¿los nómadas digitales aumentan la gentrificación?

Pero los gringos con laptops no son el problema, como lo dijo Fredrik Gertten, director del documental Push, durante el estreno de la película en México. Solo son un reflejo.

Luis Alberto Salinas, doctor en Geografía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), matiza a Papel que la transformación de estas colonias empezó “hace varias décadas” y desde entonces ha pasado por varios procesos, pero siempre siguiendo una misma tendencia: “Un proyecto de ciudad neoliberal que desplaza intencionadamente a la población de bajos recursos por otra que sí consume”.

Hace tiempo que Roma dejó de ser el barrio sobrio, residencial y de clase media que retrató el cineasta mexicano Alfonso Cuarón en la oscarizada película homónima.

La activista sostiene, además, que todo este proceso “forma parte de una estrategia a largo plazo que involucra a gobiernos, restauranteros, arquitectos, constructores. Les ha convenido a todos y lo hacen sin preguntar a los vecinos si quieren 20 antros más en cada calle“.

Los vecinos de Roma y Condesa conviven, asimismo, con una realidad inquietante: las características del subsuelo lo convierten en una de las áreas de la ciudad más susceptibles a los sismos. Tanto es así, que fue la zona cero de los terremotos del 2017 que dejaron más de 300 muertos y miles de heridos en todo el país.

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