Al hablar sobre salud mental es inevitable no recordar el capítulo “Helga on the couch” (Helga va a terapia) de la serie caricatura “Hey Arnold”. Una de las favoritas de mi infancia que marcó a muchos otros millennials en los años 90’s y 2000’s.
Y esta imagen donde “Bob”, el padre de Helga se dirige a ella después de que en la escuela la mandaran a terapia con la psicóloga Bliss ahora es un meme no tan meme que vale la pena revivir:
Este episodio nos muestra una realidad que hasta el día de hoy existe, no sabemos cuándo es el momento adecuado de ir a terapia o ayudar a alguien para que lo haga; y nos recuerda que todos podemos tener un Bob en nuestra vida y también que abrirse y decidir sanar, es un proceso que no siempre es sencillo.
Después de revivir este capítulo, estuve pensando en varias cosas, lo primero, es lo que le dice su amiga Phoebe Heyerdahl a Helga, cuando se la encuentra justo frente al Centro Médico en donde tomará terapia:
“En este día y época la terapia es bien aceptada y muy útil, no hay por qué tener pena o estar nerviosa”
¡Demonios! ¡Qué bueno que escuché eso en mi infancia!
Aunque para mi, “ir a terapia” no fue la primera opción, yo también tuve una Phoebe en vida.
Crecí con padres “boomers” y aunque se hablaba de salud mental en muchos espacios, no era tan sencillo abrirse y decir “algo no está bien con mis emociones”. Sin embargo, el destino pone a las personas adecuadas en la vida, entre ellas, una amiga que dejaré en el anonimato, pero que me mostró la importancia y lo diferente que puede ser la vida cuando atiendes la salud mental.
Esta respuesta no es sencilla, en mi caso identifiqué que había cosas que me dolían hablar, sucesos que no eran tan fáciles de sobrellevar como yo pensaba y eso me desencadenó “ansiedad”.
Cuando fui consciente de ello, lo primero que pensé fue “¿qué?, creo que yo no necesito terapia, he estado sobreviviendo bien así” (por favor no me juzguen). Obviamente el ejemplo de mi amiga y las cosas que compartía me hicieron entender que no siempre puedes resolver todo o sanar solx.
Acá te dejo otros indicadores que podrían ser la respuesta que esperabas para ir a terapia:
Afortunadamente, la terapeuta de Helga llegó a su escuela, y era una profesionista comprometida que buscó la forma de poder ayudarla desde que notó ciertos comportamientos que tenía.
Nosotros no tendremos siempre la misma posibilidad, pero sí ya sabes que necesitas buscar la atención de un profesionista, aquí te dejo algunos consejos que a mí me funcionaron:
Ver a Helga tratando de distraerse, divagando y evadiendo su problema me hizo recordar la primera vez que asistí a terapia. Muchas veces puede ser incómodo estar frente a un extraño y contarle tu vida y sentimientos, pero no te preocupes, cómo dicen por ahí “ese es su trabajo” y entre más rápido puedas abordar el problema, más rápido verás los resultados.
Como a Helga, me costó trabajo abrirme, pero cuando lo hice, entendí que este proceso solo depende de mí y que divagar o evadir, solo está pausando la sanación y el entendimiento que vienen después.
Así que, aquí te van otros consejos
A diferencia de las enfermedades convencionales en las que un médico te receta por siete días un medicamento para estar de nuevo al cien, la terapia es un proceso y no siempre un proceso lineal.
Así como puedes atenderte solo por algunas semanas, otros procesos requieren meses o años y eso está bien. Trabajar en tu salud mental no es una competencia con nadie y algunas veces puedes cuestionarte ¿realmente me está sirviendo?, ¿cómo sé si estoy avanzando?, pero, ¡calma!, el especialista te ayudará a resolver esas dudas y te darás cuenta de que lo estás logrando. Ten paciencia y resiste.
Aunque algunas veces uno sale de terapia más molido que de como llegó, lo cierto es que eso es parte del proceso que te convertirá en una mejor persona, en la persona que buscas ser.
Expresar tus sentimientos, darle nombre a las emociones, recibir herramientas para mejorar tu carácter, cambiar patrones de comportamiento y liberarte de todas las cargas emocionales que traes encima, sin duda te harán amar ir a terapia.
La reacción final de Helga tras salir del consultorio lo dice todo: “¿queeeé tan pronto?, pero estábamos empezando a progresar”.
Finalmente, cada día que asistas a terapia solo estás contribuyendo a crear una mejor versión de ti mismo y sin duda alguna, la persona que inició el proceso será muy diferente a la que puedas llegar a ser después de cuidar tu salud mental.
Solo recuerda, eres importante, tus sentimientos y emociones son importantes, mereces estar y sentirte bien, y necesitar ayuda en este camino, no debe preocuparte, pero si lo hace, recuerda a Phoebe:
“En este día y época la terapia es bien aceptada y muy útil, no hay por qué tener pena o estar nerviosx”
PD: Aquí te dejo el capítulo de ¡Hey Arnold! Para que puedas inspirarte un poco más ??
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